
Teruel es una maravillosa ciudad donde el frío mata.
Un paraíso mudéjar que te transporta a una época medieval.
Una vez al año Teruel se transporta al siglo XIII al año 1.217
Cuenta la leyenda que Diego de Marcilla estaba enamorado de Isabel de Segura. Ésta le correspondía, pero pertenecía a una familia importante, mientras que Diego pertenecía a una clase social más baja.
El padre de Isabel accedió a darle 5 años de tiempo para enriquecerse y así poder desposar a Isabel.
Cuando Diego vuelve a Teruel el mismo día que se cumple el plazo, suenan campanas de boda. Han convencido a Isabel para que crea que Diego ha muerto.
Diego consigue reunirse con Isabel y le pide un beso como prueba de su amor, pero ella le contesta que ahora es una mujer casada.
En ese momento Diego muere de pena.
Al día siguiente en el entierro de Diego, Isabel se acerca a su tumba, le da un beso y... cae muerta tambien.
En 1.555 se descubrieron las momias de los amantes, que pueden visitarse en el mausoleo de los amantes. A la vez puede visitarse la iglesia de San Pedro, la obra interior es la que más me ha impresionado de todas las que he visitado.
Este fin de semana ha sido en Teruel la fiesta de los Medievales. Hace unos años una turolense decidió documentarse sobre la época y sobre los personajes del siglo XIII (la historia de los amantes de Teruel es una leyenda pero está basada en personajes históricos).
Empezaron a vestirse con trajes medievales cuidando mucho los detalles, las telas, los estampados, para que nada se saliese de la época que se estaba recreando. Hicieron representaciones en las calles de la historia de los amantes.
Cada año la fiesta crece mas, hay jaimas pero en ellas no puede haber nada que no concuerde con la época (los vasos son de barro, la comida y las cenas también están cuidadas).
Mas de la mitad de la población sale todo el fin de semana vestidos con trajes medievales (un año vi a unos padres paseando a su hijo pequeño en un carricoche de madera).
Si el centro de Teruel es mudéjar en si, la imagen de sus calles con las antorchas, con las banderas, la gente así vestida... es magia.
Los actores que hacen las representaciones (que cada año van cambiando), son ciudadanos que no tienen por qué ser actores de profesión.